lunes, 29 de febrero de 2016
domingo, 28 de febrero de 2016
jueves, 25 de febrero de 2016
EL MITO DE LA TABERNA
“Vicente
Pérez Caro era un capataz al que nadie podía ver, pero para mí,
era el único capataz claro que había en Sevilla. El sitio donde
paraba era el bar El Colmo, en la misma Puerta Osario. Llegaba allí
y lo primero que hacía era poner en una pizarra lo que se iba a
cobrar cada día de la Semana Santa. No había nada que preguntar.
Vicente era ante todo muy claro siempre con sus hombres, y tenía una
buena cuadrilla también”.
(Santiago
Estepa Gómez “El Mejo”, costalero de Sevilla)
Antiguamente
el capataz de cofradías solía verse con su gente en el denominado
como cuartel general, el cual en la mayoría de las ocasiones era una
taberna que se solía ubicar en un lugar que no cogiera muy a
trasmano al personal. La taberna era pues lugar de encuentro para la
gente de la cuadrilla durante todo el año. Pasado San Blas se
convertían en improvisada oficina de empleo donde el capataz
confeccionaba su cuadrilla de cara a la inminente Semana Santa. Allí
se realizaba la lista para saber con quién se contaba, y por el
contrario descartar a aquellos que habían decidido cortarse la
coleta o cambiar de aires. En los cuarteles generales de las
cuadrillas de costaleros se vivía otra Semana Santa paralela a la
del resto de la ciudad. Los bares y tabernas se convirtieron durante
siglos en albaceas de la memoria inmaterial, del mito y la leyenda,
de estos verdaderos galeotes de la Semana Santa sevillana. El
capataz, la cuadrilla, la taberna, y el feudo se funden en términos
complementarios, los cuales, en multitud de ocasiones se hacen casi
imposibles de delimitar en este complejo y particular mundo de la
gente de abajo.
En
España, pero sobre todo en la mayoría de las poblaciones de nuestra
querida Andalucía, los bares y las tabernas son un popular fenómeno
social que ha marcado la cultura y las costumbres de numerosas
generaciones. Tradicionalmente los bares han sido lugares de
encuentro y de reunión informal frecuentados a diario por un público
mayoritariamente masculino. En nuestra tierra es habitual que todo
barrio o calle principal tengan uno o varios bares que son visitados
de forma habitual por muchos de los vecinos. La taberna ha venido
desempeñando diversas funciones sociales en la cultura popular
urbana como centro de sociabilidad. Tradicionalmente ha ocupado un
lugar principal en la convivencia diaria de la cultura del pueblo
como centro de contestación pública. Las tabernas además de
improvisadas oficinas de empleo se convertían en centros de esa
cultura urbana soterrada por la hipócrita sociedad de la época
ajena a la realidad del trabajo que estos hombres tuvieron que
soportar en innumerables ocasiones, esa misma sociedad criticó con
extrema dureza en demasiadas ocasiones el honrado trabajo de estos
verdaderos esforzados de la trabajadera.
Centrándonos
un poco en los principales capataces de cofradías durante la
denominada “Edad de Oro”, comprendida entre los años cincuenta y
sesenta del pasado siglo XX, podemos aportar lo siguiente sobre la
cuestión:
- Manuel Bejarano Rubio junto a su inseparable
Antonio Cebreros, paraba habitualmente en Casa
Antonio,
establecimiento situado en la trianera calle Rodrigo de Triana.
- La familia Ariza solía
reunirse con su gente en la taberna de Francisco Reyes en plena calle
Castilla, también en el barrio de Triana. Posteriormente tuvieron
otros emplazamientos en el mismo barrio como por ejemplo El
Rinconcillo.
- Vicente Pérez Caro como referíamos
anteriormente lo hacía en la taberna del Colmo,
que se encontraba en plena Puerta Osario, y después de su cierre se
trasladó hasta el Punto
que se encontraba en la misma zona anteriormente referida.
- Alfonso Borrero Pavón junto
a su hermano Jeromo no tenían un lugar fijo, aunque solían parar
siempre por la zona de la Moneda y el Arenal.
- Rafael Franco Rojas lo hacía en Casa
Silva que estaba en la
calle Feria en la confluencia con la calle Castillo Lastrucci.
-
Como contrapunto a todos los capataces anteriores nos encontramos con
la figura de Salvador Dorado Vázquez “El penitente”, genio y
figura, era el único que no se reunía con su gente en una taberna,
lo hacía a las puertas del desaparecido teatro Portela en la actual
avenida de Cádiz, frente a los Jardines de Murillo.
- Aunque no pertenecen realmente
al elenco de los capataces de la denominada anteriormente como “Edad
de Oro”, por su trascendencia haremos referencia también a la
familia Rechi que solían parar en el bar La
Moneda en el arranque
de la calle Santander, y a Domingo Rojas y Manuel “El Moreno” que
hacían lo propio en Los
Tres Reyes, en la
calle Reyes Católicos.
La
gente de abajo hizo de los ambientes tabernarios su hábitat natural
fuera de la oscuridad de las parihuelas en un momento en el que ni la
televisión ni las redes sociales contaminaban las reglas de la
convivencia básica de la sociedad. Nos encontramos ante personas que
en su mayoría tenían un nivel socioeconómico muy bajo, por lo que
las relaciones entre iguales eran fundamentales para el sostenimiento
en el tiempo de la cuadrilla como grupo humano. Algunos de estos
hombres, desgraciadamente cada vez menos como consecuencia del
inexorable paso del tiempo, que dejaron debajo de los pasos sangre,
sudor y esfuerzo, viven todavía entre nosotros arrastrando las
secuelas de su paso por las trabajaderas con legítimo orgullo, por
desgracia muchos otros se han ido quedando por el camino.
Gonzalo Lozano Rosado
miércoles, 24 de febrero de 2016
martes, 23 de febrero de 2016
lunes, 22 de febrero de 2016
viernes, 19 de febrero de 2016
RAFAEL "EL POETA"
“Para
ser buen costalero lo que hay que tener es mucho amor”
Rafael
Antonio Díaz Juárez, para el mundo de la gente de abajo Rafael “El
poeta”. Nació Rafael en el castizo barrio de la Alameda de
Hércules en el año 1922. El apodo le viene de su época de
estudiante en el colegio de los Salesianos de la Trinidad, donde
incluso intentaron que se metiera a cura. También quiso Rafael ser
torero al igual que muchos niños de su época, llegando incluso a
coincidir en una novillada sin caballos en la localidad onubense de
Hinojos con el padre de “Espartaco”. La afición taurina le
jugará una mala pasada en el año 1942, ya que en compañía de unos
amigos desparramó nuestro protagonista un vagón de vacas en la
Barqueta, por lo que tuvo que alistarse voluntario en la Legión para
evadir las responsabilidades penales. Su destino fue el Campo de
Gibraltar sirviendo bajo la Primera Bandera legionaria.
A
los 26 años Rafael abandona la Legión regresando a su ciudad natal.
Ahora se coloca como oficial de tornero que era su profesión, y
prácticamente desde aquellos momentos inicia su vinculación con el
mundo de las cuadrillas de costaleros sevillanas.
Rafael ingresa en
la cuadrilla de Antonio “El francés II” el último año (1948)
que este capataz trabaja cofradías, sacando Rafael ese primer año
únicamente el paso de misterio de la Hermandad de Montserrat durante
el Santo Entierro Magno de aquel año. Siempre será recordada en los
anales de los buenos capataces la extraordinaria maniobra del
“francés” metiendo al impresionante misterio por la estrechez de
la calle de San Eloy para poder alcanzar la iglesia de San Gregorio
desde donde se iniciaba el cortejo del Santo Entierro Magno en el que
tenía que participar el referido paso de misterio.
Al
año siguiente el “francés” se retira y la cuadrilla y las
cofradías habituales quedarán en las manos de su hombre de
confianza, Vicente Pérez Caro. Junto a Vicente Rafael “El poeta”
alcanzará la categoría de mito con aroma de anisados del “Punto”
en el templo costaleril de la Puerta Osario. Además de con los
capataces referidos anteriormente, Rafael trabajó a partir de su
ruptura con Vicente en el año 1974 con Manuel Adame Torres, Manuel
López Díaz conocido por todos como “El Moreno” y Domingo Rojas
Puertas.
Era Rafael puro nervio debajo del paso, costalero de cintura flamenca
de los que moría con la boca animando a su cuadrilla. Pensaba Rafael
que un costalero debía de tener como principales cualidades para
sacar cofradías, en primer lugar mucho amor para llevar los pasos, y
después de eso fuerza y vitalidad, pero sobre todo mucho amor.
Como
consecuencia de los estragos que la industrialización provoca en los
años sesenta del pasado siglo XX en la anquilosada estructura
laboral de la ciudad, Rafael se queda sin trabajo y tiene que emigrar
hasta el minero valle del Rhur en Alemania. Como consecuencia de este
exilio necesario Rafael se verá obligado a pasar alguna Semana Santa
fuera de Sevilla, sufriendo en soledad la nostalgia de una Semana
Santa en la lejanía. Incluso durante la referida etapa llegó a
desplazarse desde tierras germanas para poder sacar las cofradías en
Semana Santa. Tras su regreso a Sevilla se reincorporó nuevamente a
su cuadrilla habitual junto a Vicente Pérez Caro, colocándose
además como peón en los camiones de la limpieza municipal.
Recuerda
este bravo costalero que un año la cuadrilla de la Puerta Osario
sacó el paso del Nazareno del Silencio con 18 hombres menos. Aunque
Rafael solía igualar en la primera de los palios era habitual que en
la referida hermandad ante las dificultades que el paso de palio
solía presentar los capataces permutaran las cuadrillas. En
resumidas cuentas, de los 42 hombres que el paso calzaba aquella
madrugada de viernes Santo del año 1962 solamente 24 hombres
ocuparon su lugar bajo las trabajaderas. Pero lo que pasó a la
historia de las grandes gestas del mundo de la costalería sevillana
de la época no terminó nada bien para Rafael. Fruto de la situación
vivida y de la facilidad que nuestro protagonista tenía desde
pequeño para juntar palabras de forma armónica, una vez recogida la
cofradía a nuestro hombre no se le ocurre otra cosa que dirigirse
hacia el altar de San Antonio Abad y pronunciar en voz alta “San
Antonio Abad bendito que has hecho con mi lomo, esto no es una
cofradía parece un barco de plomo”. Cuando los primitivos hermanos
escucharon aquello se formó el lio, teniendo Vicente Pérez Caro que
abonar la correspondiente multa en la cercana comisaria de Monsalves
hasta donde había sido conducido Rafael, detenido por la escolta
policial de los pasos de la Hermandad.
De
esta forma tan particular contaba “El poeta” lo sucedido aquella
mañana ya de viernes Santo en San Antonio Abab:
“Noche
de la plaza del Duque de 1962
Un capataz con solera entrega el corazón,
con dieciocho de menos en el paso del Señor
El Silencio tumba negra, tumba de cera y
fervor
Con dieciocho de
menos un capataz igualó.
Te llamaron a tu paso
Por los ayas del dolor,
de los
costaleros que te llevaron con fervor.
Ay cuadrilla de mi Silencio
y
Virgen de la Concepción
Con dieciocho de menos
Un capataz igualó.”
Rafael
Antonio Díaz Juárez para todos Rafael “El Poeta” falleció en
la ciudad de Sevilla durante la Cuaresma del año 2006. Rafael se
cortó la coleta después de la Semana Santa del año 1979 después
de más de treinta años debajo de los pasos, aunque pese a su
retirada nunca llegó a perder el contacto con el mundo de la
trabajadera ya que durante varios años estuvo a las órdenes del
capataz Pepe Andreu como aguador del paso de misterio de la Hermandad
de la Carretería.
Gonzalo Lozano Rosado
miércoles, 17 de febrero de 2016
LOS CABALLOS, AÑO 89
Mucho que señalar, esa levantá a pulso, de costero a costero, agrupación musical.......
domingo, 14 de febrero de 2016
jueves, 11 de febrero de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)